
¿Culpables del cambio climático? Estudiantes de IV medio llevan a los Estados Industrializados a juicio
Una fiscalía, una defensa, un tribunal, testigos, peritos y hasta medios de comunicación fueron parte de una simulación de juicio oral desarrollada por estudiantes del electivo Geografía y Territorio, en torno a la responsabilidad de los Estados industrializados frente al cambio climático.
“Se abre la sesión”.
En la sala ya está constituido el tribunal. Al frente, tres juezas. A un lado, la Fiscalía; al otro, la Defensa. Hay testigos esperando declarar, peritos preparados para entregar sus antecedentes y un representante de los Estados industrializados sentado en el banquillo de los acusados.
Pero no es un tribunal cualquiera.
Es una sala de clases de nuestro colegio, que por unas horas, fue el escenario de un juicio oral sobre uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: el cambio climático y la eventual responsabilidad que los Estados industrializados tienen en sus causas y consecuencias.
La experiencia fue desarrollada por los 18 estudiantes de IV medio que forman parte del electivo Geografía y Territorio, a cargo de Mister Wladimir Vásquez, como parte de una propuesta de aprendizaje basado en proyectos y que busca que los estudiantes sean protagonistas de sus propios procesos de investigación, análisis y construcción de conocimiento.
Un juicio con todos sus protagonistas
La actividad enfrentó dos posiciones. Por una parte, la Fiscalía debía sostener la acusación contra los Estados industrializados, argumentando su responsabilidad histórica asociada a las emisiones acumuladas de CO₂ y sus efectos sobre el calentamiento global. Por otra, la Defensa debía representar los argumentos de los países desarrollados y buscar su absolución o una disminución de su responsabilidad.
Para hacerlo, los estudiantes asumieron distintos roles.
Josefa Núñez, estudiante de IV medio, presidió el tribunal junto a Miss Paula Bonilla, jefa del Departamento de Ciencias, y Miss Ángela González, del Departamento de Historia. Isabel Medina asumió como secretaria del tribunal, encargándose de buena parte de la organización administrativa del proceso, mientras que Matías Larsen integró el equipo de abogados defensores.
A ellos se sumaron fiscales, abogados, testigos y peritos, quienes debieron investigar y preparar sus intervenciones desde distintas perspectivas: historia económica, desarrollo económico, cambio climático y también testimonios relacionados con los efectos concretos de fenómenos como las sequías y las inundaciones.
Incluso hubo estudiantes encargados de asumir el rol de medios de comunicación, realizando entrevistas, recogiendo declaraciones y siguiendo el desarrollo del juicio para reportar sus principales acontecimientos.
La puesta en escena buscó ser lo más cercana posible a un proceso judicial real. Se prepararon documentos, se establecieron plazos, se solicitaron comparecencias de testigos y se organizó cada etapa del proceso. El trabajo previo incluyó, además, un ensayo general.
“Yo era como la secretaria general”, cuenta Isabel Medina, quien estuvo a cargo de formular el guion general, establecer períodos, coordinar acuerdos entre las partes, tomar asistencia y velar por el cumplimiento de los tiempos y plazos.
Para ella, asumir ese rol significó salir de lo que habitualmente hace un estudiante.
“Fue diferente. Fue un rol que normalmente un estudiante no suele tomar”.
Mucho más que una simulación
Para Mister Wladimir Vásquez, la actividad permitió llevar a la práctica varios de los aprendizajes que los estudiantes desarrollan tanto en Geografía y Territorio como en Educación Ciudadana.
“Ellos tienen una asignatura en cuarto medio que se llama Educación Ciudadana, donde van reforzando el tema de la institucionalidad, las instituciones que se encargan de distintas áreas, los poderes del Estado y cómo opera el sistema estatal. Llevarlo a la práctica y asumir un rol los involucra más con su aprendizaje y hace que este sea más significativo”, explica.
La experiencia también permitió abordar el cambio climático desde una perspectiva que trascendiera sus efectos ambientales, vinculándolo con el desarrollo económico y con las decisiones que como sociedad tomamos diariamente.
Los estudiantes debieron investigar la evolución de las emisiones de CO₂ y contrastarla con el desarrollo económico, reflexionando sobre la relación existente entre los niveles de consumo, la producción de las grandes empresas y sus efectos ambientales.
“Me interesaba que sean ellos los que investiguen, los que busquen información y los que presenten cómo se han ido comportando las emisiones de CO₂ con respecto al desarrollo económico, y que hagan este paralelismo”, señala el docente.
Una experiencia que también mira al futuro
Para Matías Larsen, quien asumió el rol de abogado defensor, la actividad tuvo además un componente personal.
“Yo me veo en un futuro profesional relacionado a eso, al área judicial. Entonces, para mí fue una experiencia súper enriquecedora como primer acercamiento a un hipotético estudio de una carrera relacionada al área de la justicia”, comenta.
Isabel, en tanto, tiene una relación familiar con el mundo jurídico y asegura que la experiencia le permitió comprender que un proceso judicial es mucho más complejo que determinar simplemente si alguien es culpable o inocente.
“Se vio que no era solo ser culpable o no, sino que había otras aristas. Un proceso judicial tiene más objetivos que buscar culpables y castigos”, reflexiona.
Y justamente ahí aparece uno de los principales objetivos de la experiencia, según señaló Mr. Wladimir: que los estudiantes puedan explorar intereses, asumir responsabilidades y descubrir nuevas posibilidades para su futuro a partir de experiencias concretas.
Un electivo que se construye con los estudiantes
Geografía y Territorio comenzó a implementarse este año y forma parte de los planes diferenciados de IV medio. El programa contempla cuatro unidades durante el año, pero entrega al docente la flexibilidad necesaria para profundizar los contenidos y establecer relaciones entre ellos de acuerdo con los intereses de los estudiantes.
Durante el primer semestre, el curso abordó los conflictos internacionales mediante un juego de roles y posteriormente trabajó la migración, sus efectos económicos y las políticas migratorias de distintos países.
Ahora, con el cambio climático como eje, los estudiantes dieron un nuevo paso: transformar la sala de clases en un tribunal.
“Mi intención es que ellos manifiesten hacia dónde quieren orientar el aprendizaje, darles la posibilidad de que tengan un espacio de elección, que tomen una decisión y digan qué queremos investigar, qué queremos buscar y qué roles queremos asumir”, explica Mister Wladimir.
El desafío ahora es pensar la cuarta unidad. Y, esta vez, la idea es que sean nuevamente los propios estudiantes quienes tengan un papel importante en decidir hacia dónde llevar el aprendizaje.
“El punto cúlmine de un proceso”
Aunque el juicio terminó con un veredicto, para los estudiantes el resultado más importante parece estar en todo lo que ocurrió antes de llegar a él.
“Lo que pasó ayer fue el punto cúlmine de un proceso que venimos trabajando desde hace semanas”, señala Matías.
Isabel coincide. Al comienzo, reconoce, tenía dudas respecto de cómo resultaría una actividad de esta complejidad. Sin embargo, el compromiso de sus compañeros terminó superando sus expectativas.
“Todos se adaptaron a las instrucciones, vinieron vestidos formales, pusieron mucho esfuerzo. Y eso fue, incluso más allá que el veredicto, un trabajo que requirió mucho esfuerzo”, destaca.
Para Mister Wladimir, ese compromiso es precisamente uno de los aspectos que más valora de la experiencia.
“Quiero reconocer el trabajo de mis estudiantes y su compromiso. Agradecerles que todos se hayan puesto a disposición de la actividad y espero que hayan disfrutado asumiendo un rol en el juicio que llevamos a cabo”.
El docente también destacó el apoyo de la comunidad windsorina para hacer posible la actividad, desde la gestión de Mister Carlos Ojeda y el trabajo de los auxiliares en la preparación del espacio, hasta la colaboración de docentes de distintas áreas y la cobertura periodística que acompañó el proceso.
Esta vez la sala de clases no fue solamente una sala de clases. Fue un tribunal, una fiscalía, una defensa, una redacción periodística y, sobre todo, un espacio donde 18 estudiantes tuvieron la oportunidad de investigar, argumentar, tomar decisiones, asumir responsabilidades y ser protagonistas de su propio aprendizaje.